Trabajo de investigación presentado en la Universidad Mayor de Santiago de Chile, Facultad de Humanidades, realizado por los candidatos a Magíster en “Análisis de Inteligencia Comunicacional”;  Cohorte 2016-2018

Señoras:

Bernardita Pérez Cotapos Dunker

Verónica Godoy Lincoman

Señores:

Raúl Muñoz Calizto

Marcelo Rodríguez Kong

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1.    INTRODUCCIÓN

 

Ante la situación de aguda pobreza material de los pueblos latinoamericanos al comienzo de los años 50, un grupo de jóvenes sacerdotes de Perú y Brasil decidieron romper con la doctrina social cristiana y asumir un modo marxista de analizar y solucionar el angustiante problema del proletariado de los países de América Latina. Para ello debieron reinterpretar la Sagrada Escritura y su lectura de salvación enfocada en Dios y su poder, y plantearla en términos de liberación social y económica. Y también entendieron que la revolución socialista era el camino moderno de cambiar las estructuras opresivas e injustas creadas por el imperialismo capitalista imperante. Así nació la llamada Teología de la Liberación unos años después.

 

La Teología de la Liberación es una desviación teológica cristiana que nace alrededor del año 1960 y en la que se postula que el Evangelio debe preferir la liberación de los pobres a través de las ciencias sociales, particularmente con una mirada sociológica marxista. Es decir, el poder de Dios sobre el hombre no es lo preponderante, sino más bien una mirada desde lo humano más que desde lo divino.  En este sentido, la Teología de la Liberación tiene una directa vinculación con una ideología que se centra en el bienestar material de los hombres, como es el caso del marxismo, dejando fuera la imagen divina que representa Jesucristo para el hombre.

 

En consecuencia, bajo esta mirada general del marxismo, se transforma la imagen de Jesús y también de María como seres representativos de divinidad dentro del cristianismo y se les presenta en esencia como la figura de dos guerrilleros o revolucionarios que transforma el concepto cristiano de ambos, acercándose a una horizontalidad del Hombre con el Hombre y no a la verticalidad tradicional de Dios con el Hombre.

 

A continuación se plantean los principales fundamentos de la Teología de la Liberación y de qué manera se utiliza el discurso para propagar esta ideología, principalmente en Chile.

2.    OBJETIVO

 

El principal objetivo del presente trabajo es conocer los elementos fundamentales que caracterizan el discurso en la Teología de la Liberación y cuál es la principal ideología presente.

 

 

3.    DESARROLLO

 

a.    DEFINICIÓN DE TEOLOGÍA[1]

 

La Teología es una ciencia que se vincula fundamentalmente con otras ramas del saber, como la Filosofía, y se define como el conjunto de conocimientos acerca de la divinidad. Proviene del griego [theos], que significa ‘Dios’ y [logos] que significa ‘estudio’; por lo tanto etimológicamente significa ‘el estudio de Dios’ y, por ende, se trata del estudio de las cosas o hechos relacionados con Dios. La Teología parte del hecho de la existencia inequívoca de Dios y en consecuencia, la Teología no se ocupa de la demostración empírica de su existencia, puesto que da por hecho esta afirmación.

El término fue utilizado por primera vez por Platón en su obra La República, para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos. Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones con dos significados:

  • Teología como denominación del pensamiento mitológico que es previo a la Filosofía, pero refiriéndose en un sentido peyorativo hacia pensadores antiguos no-filósofos (como Hesíodo[2] y Ferécides de Siros[3])
  • Teología, como la rama fundamental y más importante de la Filosofía, también llamada “filosofía primera o estudio de los primeros principios”, más tarde llamada “Metafísica” por sus seguidores y que para distinguirla del estudio del ser creado por Dios, nace la filosofía teológica que se la denomina también teodicea o teología filosófica.

 

Sin embargo, al conocer la definición de Teología, encontramos dos grandes corrientes. Por una parte, la llamada Teología Tradicional que se centra en un concepto “Teocéntrico”, es decir, Dios y por otra, la llamada Nueva Teología, que se centra en un concepto “Antropocéntrico”, es decir, el hombre.

 

Para la teología propia del catolicismo, el objeto de estudio directo es Dios. La razón del ser humano y las revelaciones hechas por la divinidad son los criterios que permiten a esta teología alcanzar la verdad. Dado que la Iglesia es su principal comunidad, el catolicismo delega en ella la potestad para fijar los criterios vinculados a la reflexión de la teología[4].

 

La teología católica, por otra parte, está fundada sobre dos misterios: el Misterio Cristológico, que se basa en la vida de Jesucristo, que nace, muere y resucita y el Misterio Trinitario que reconoce la existencia única de Dios en 3 personas distintas que pueden diferenciarse, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

A su vez, de la Teología se desprende la llamada Teología Moral, que trata con el bien y el mal en el comportamiento humano. Según la Iglesia Católica, la teología moral es la parte de la teología católica “que se ocupa del estudio sistemático de los principios éticos de la doctrina sobrenatural revelada“, aplicándolos a la vida cotidiana del católico y de la iglesia[5]

 

La teología moral tiene una directa vinculación con el personalismo cristiano, por cuanto este último considera a la persona el principio fundamental para la explicación de la realidad. Además, el personalismo cristiano añade al carácter individual de la persona, una dimensión social y comunitaria. Considera que el hombre es miembro de una comunidad y como tal debe comprometerse con los demás, comunicándose y entregándose a ellos. El hombre sólo se desarrollará como persona en relación solidaria con los otros[6].

 

Por su parte, la Nueva Teología, al estar más enfocada en un concepto “antropocéntrico”, se basa en aspectos relativos a las ciencias, particularmente de la Sociología y de la Antropología y de ella se desprende la Teología de la Liberación. A través de ella se tiende a fundamentar la lucha revolucionaria contra las estructuras sociales, los gobiernos injustos y la lucha de clases.

 

 

b.    ANTECEDENTES HISTÓRICO-FILOSÓFICO Y SUS PRECURSORES

 

Desarrollo histórico filosófico del problema entre Cristianismo y Marxismo

 

En el año 1843, Bruno Bauer (1809-1882), filósofo y teólogo alemán, estudiante directo de Hegel hasta 1831 año en que este último fallece, escribió la obra Die Judenfrage – La Cuestión Judía. Este importante exponente del Vormârz literario de Alemania (corriente literaria de tinte político y revolucionaria desarrollada en la década previa a la Revolución Alemana de 1848-1849), en su obra La Cuestión Judía “es consciente de que vive un tiempo de crisis en el que lo viejo debe morir para que nazca lo nuevo. A esa consciencia él la llama Kriti, con lo que pensarse es pensar su tiempo. Como lo que está en crisis es la política o, más exactamente, la Figuera del Estado alemán, un Estado cristiano, la crítica filosófica acaba siendo una teología política. La raíz polémica de la crisis moderna estaría en la relación entre el Estado y la religión”[7]. Así acuña la frase o la idea “hay que acabar con la teología”.

 

En aquella época, la cuestión judía era un tema que interesaba a la opinión pública, puesto que estaba en juego la “emancipación” de los judíos, o de otra forma el reconocimiento de los derechos políticos y cívicos que habían perdido tras la derrota de Napoleón en 1815. Por tanto, al ser los judíos parte de aquellos a quienes se les niegan derechos políticos los constituye en un problema no resuelto, en otras palabras, es el problema judío dentro de la crisis del Estado alemán cristiano.

 

De acuerdo a la filosofía Hegeliana, y como representante de aquella rama, la problemática presentaba todos los puntos de interés para Bauer: la política, la religión y la filosofía.

 

En respuesta Karl Marx, discípulo de Bauer, publica en 1844 la obra “ZurJudenfrage” – Sobre la Cuestión Judía, en el cual plantea el problema de la liberación judía y la liberación del proletariado, en ambos se trata de la misma liberación, es decir la Liberación de la “opresión y la explotación”, a través de la revolución. Al respecto Miguel Poradowski señala “Con facilidad pasa Marx de “la cuestión judía” a la “cuestión del proletariado”, pues en el Manifiesto aplica al proletariado los mismos conceptos  teológico-jurídico-políticos, incluso el concepto de “pueblo elegido”, que, en el Manifiesto, ya no son los judíos sino los proletarios, encargados por Marx de cumplir la misma misión histórica de la redención de la humanidad por la revolución destructora de la sociedad existente, pues el proletariado, liberándose a sí mismo, libera al mismo tiempo a todos, y para siempre, de la opresión y de la explotación.[8]

 Por otra parte, Marx había hecho una crítica a la filosofía del derecho de Hegel en 1843 indicando: “La crítica de la religión es la premisa de toda crítica… la guerra contra aquel mundo cuyo aroma es la religión”[9] (3). Esto debido a que para él la religión “Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real[10].

Más adelante en la historia, aparecería Lenin como uno de los ideólogos marxistas relevantes de la época, aportando una visión más definida aun respecto al problema de la religión: “la base filosófica del marxismo, como declararon Marx y Engels, es el materialismo dialéctico, que hizo suyas plenamente las tradiciones históricas del materialismo del siglo XVIII en Francia y de Feuerbach en Alemania, del materialismo incondicionalmente ateo y decididamente hostil a toda religión”[11]. En 1909 Lenin continua desarrollando la idea agregando: “El marxismo considera siempre que todas las religiones el iglesias modernas, todas y cada una de las organizaciones religiosas, son órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera” [12](6) , “La lucha contra la religión no puede limitarse ni reducirse a la prédica ideológica, abstracta; hay que vincular esta lucha a la actividad práctica concreta del movimiento de clases, que tiende a eliminar las raíces sociales de la religión” [13].

En el libro “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Luis Heinecke Scott (LHS) señala que después de la Revolución Bolchevique de 1918, en Rusia se decretó una serie de medidas para suprimir la resistencia del Clero de la Iglesia Ortodoxa Rusa, confiscando bienes, asesinando obispos y sacerdotes. Además, agrega que comenzó a organizarse de forma sistemática la enseñanza anti religiosa en las escuelas, debido a que algunos pensadores de la época consideraban que las escuelas católicas eran un “medio de corrupción de la conciencia del pueblo[14]. Por tanto, sería responsabilidad del Partido Comunista el organizar “la más amplia propaganda científica educativa y antirreligiosa[15] puesto que Lenin consideraba que “la escuela debe convertirse en arma de la dictadura del proletariado”.  Estas acciones fueron fuertemente desarrolladas hasta la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual el Partido Comunista decide disminuir la intensidad de la lucha antirreligiosa debido a las necesidades propias del estado de guerra.

Respecto a la estrategia que los comunistas adoptarían frente a ideologías contrarias, LHS, agrega: “Por su naturaleza, jamás el comunismo busca acceder sólo al poder. Siempre, desde la misma revolución de octubre de 1902, los bolcheviques han debido contar con el concurso decisivo de fuerzas que, una vez conquistado el poder, son eliminadas por cualquier vía.  De esta forma, ya en 1935 en el VII Congreso de La Internacional Comunista realizado Moscú entre el 25 de julio y el 25 de agosto de ese año, se estableció la táctica operativa del llamado “Frente Popular” o “Frente Único”. Este consistía en la estructuración de un sistema de alianzas diversas que hicieran converger a fuerzas heterogéneas- aún de signo ideológico contrapuesto- hacia un bloque o frente único, determinado por objetivos políticos concretos y una praxis revolucionaria definida”[16].

 Por otra parte, Antonio Gramsci (1891-1937) quién fuera un célebre pensador Marxista y fundador del Partido Comunista Italiano, consideraba que dentro de la Iglesia y el fenómeno religioso se podía apreciar la lucha de clases y que era preciso analizarla y estudiarla. Concluye que siendo el catolicismo sólo un “bloque ideológico”, la iglesia defiende solo “los privilegios que proclama ligados a la propia esencia divina[17]. En 1921, Gramsci escribe “el Partido Comunista es, en la época actual, la única institución que puede compararse con la comunidad religiosa del cristianismo primitivo; en los límites en que el Partido existe ya en escala internacional, cabe intentar un parangón y establecer un sistema de opiniones entre los militantes por el reino de Dios y los militante por el reino del Hombre[18].

En base al piso ideológico sentado por Gramsci, aparece un hombre llamado Maurice Thorez (1900-1964) quien finalmente identificará cuál es la manera más precisa de lograr este sistema de opiniones comunes. Así aparece La Táctica de la “Mano Tendida”. Thorez declara en mensaje radial, en París el 17 de abril de 1936, las bases del futuro entendimiento cristiano marxista: “Te tendemos la mano, católico obrero, empleado, artesano o campesino, nosotros que somos laicos, porque tú eres nuestro hermano y porque estás agobiado por las mismas preocupaciones que nosotros. Te tendemos la mano… porque eres un hijo de nuestro pueblo… nosotros somos el gran partido comunista… somos los partidarios del ideal más puro y más noble que puedan proponerse los hombres[19]. Además agrega: “es sabido que somos comunistas, partidarios del materialismo dialéctico… (pero) no se debe declarar la guerra a la religión, pues eso es sólo una frase anarquista, ha dicho Lenin: hay que esforzarse en agrupar, en unir a todos los trabajadores sean cuáles fueron sus creencias en contra el enemigo real: el capitalismo[20].

En tanto las ideas Marxistas iban permeando las bases ideológicas de los católicos, el Papa Juan XXIII hacía lo propio a través de la encíclica “Mater et Magistra”, del 15 de mayo de 1961, “prevé explícitamente la colaboración con los no creyentes con fines neutrales[21] . Más tarde en la encíclica “Pacem in Terris”, del 11 de abril de 1963, introduce la “trascendental Innovación en la doctrina católica al distinguir entre las doctrinas “filosóficas erróneas” y los “movimientos históricos” derivados de ellas[22]. En ella el Santo Padre señalaba: “no se pueden identificar falsas teorías filosóficas… con los movimientos históricos fundados en un fin económico, social, cultural o político, incluso si estos últimos debieron su origen y deben todavía su Inspiración en estas teorías… en la medida en que estos movimientos están de acuerdo con los santos principios de la razón y responden a las justas aspiraciones de la persona humana, ¿quién se resistiría a reconocer en ellos elementos positivos y dignos de aprobación?[23].

A partir de estos pronunciamientos del Papa Juan XXIII, algunos seguidores del Marxismo verían con buenos ojos el futuro de los marxistas y los cristianos.

Al respecto el marxista Roger Garaudy acotaba: “La novedad de esta encíclica consiste en su aporte esencial sobre… una optimista afirmación de confianza en el hombre, lo que permite una colaboración entre creyentes y no creyentes[24]. Además el comunista André Moiné agregó: “Gracias a las modificaciones doctrinales aportadas por Juan XXIII… una atmósfera nueva crece lentamente la Iglesia… los cristianos que “se abren” al mundo inspiran su comportamiento en el contenido de protesta de la religión[25].

Dichos estos elementos y otros puntos de vista, iniciaron un proceso de diálogo entre marxistas y cristianos, lo que dio origen al cristianismo socialista, lo que finalmente se transformó en el Humanismo como un factor ideológico que integraba ambas visiones.

Por otra parte, después de la Segunda Guerra Mundial y “considerando el éxito empleo comunista de los restos de la Iglesia ortodoxa rusa como aparato Revolucionario,  que se consolidará el poder hegemónico de la Unión Soviética en la zona balcánica Joseph Stalin (1879-1953) concibió la utilización de idéntico mecanismo pero ahora atendiendo la nueva realidad estratégica del mundo… siendo absolutamente previsible el fin de esta conflagración mundial y siendo evidente que estaría en el juego la vastas zonas ocupadas por las fuerzas soviéticas en Europa oriental, Stalin observa que el principal obstáculo que el movimiento comunista internacional debería superar para asegurar la consolidación de dicha zona estaba constituido por la predominante condición cristiano católica de las Naciones involucradas[26].

Con el fin de llevar a cabo una estrategia que permita sortear los obstáculos que visualizaba, “Stalin encarga general soviético Iván AleksandrovichSerov, la formulación de un plan destinado a infiltrar neutralizar y destruir a la Iglesia Católica en esa región y en aquella época”. El General Serov, conmutaría la pena de muerte al prisionero BoleslavPiasecki quién debería crear “un organismo que incluyendo obispos sacerdotes y laicos fuera capaz de infiltrar y destruir la Iglesia Católica. Surgió así el denominad “Movimiento Pax” que desde sus orígenes fuera definido como un movimiento no confesional, sino ideológico y político[27]. Piasecki comenzó a darle fuerza al movimiento en Polonia, a fin de penetrar con la estrategia y lograr el apoyo de los cristianos para la conformación de un Estado socialista. La penetración ideológica era explicitada por Piasecki, a través de “Pax”, con una fuerte orientación hacia Europa Occidental, particularmente en Francia. En dicho país, el “Movimiento de Sacerdotes Obreros” fue fuertemente influenciado por publicaciones – como “La Actualidad Religiosa en el Mundo” y posteriormente “Informaciones Católicas Internacionales” – las cuales pretendían lograr una percepción positiva del “Movimiento Pax” en la población gala y europea.

De este punto en adelante, el proceso marxista-cristiano cambiaría radicalmente de percibir el mundo y por tanto, el desarrollo y realización de los procesos sociales que darán curso a la historia. A partir de este momento aparecen nuevos líderes y agrupaciones eclesiásticas que irían plateando ideologías cada vez más revolucionarias en torno al problema teológico. Surgiría en Suiza la “Teología Dialéctica”, a través del pastor protestante Karl Barth (1886-1968) quien señalaba “Un verdadero cristiano tiene que ser socialista, y un verdadero socialista debería ser cristiano[28]; a través del jesuita alemán Karl Rahner, quien consideraba que el mensaje de Cristo debe ser vivido existencialmente, se daría pie a una nueva estructura llamada “Teología Existencialista”; el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, a través de la “fenomenología científica”, integró los términos religiosos a su elaboración científica respecto al tránsito inorgánico de la vida para alcanzar un “Punto Omega”; otras corrientes desarrolladas fueron las “Teologías de la Historia”, la “Teología de la Secularización”, la “Teología Política”, la “Teología de la Revolución” y la “Teología de la Esperanza”. Estas versiones nuevas de la teología constituirían “una manifestación de la llamada “nueva teología”, surgiría más tarde la “Teología del Desarrollo”, de Lebret. Esta alcanzaría rango semioficial a pesar de constituir una instrumentalización del ideal de la salvación a través del desarrollo y de la “liberación integral” del ser humano. Todo para llegar después a la utilización ideopolítica del ideal de la libertad y la “liberación”, mediante la “teología de la liberación[29].

Otros filósofos presentes en el proceso

 Louis Althusser (1918-1990) Es habitualmente considerado además como estructuralista, aunque su relación con las otras variantes del estructuralismo francés es bastante compleja. La línea de trabajo más conocida de Althusser tiene que ver con sus estudios de la ideología, y es Ideología y aparatos ideológicos de Estado su obra más destacada en este campo. Este ensayo establece el concepto de ideología y lo relaciona con el concepto gramsciano de hegemonía. (fuente : wikipedia)

En un segundo momento, podemos comprobar que mientras que el aparato (represivo) de Estado (unificado) pertenece enteramente al dominio público, la mayor parte de los aparatos ideológicos de Estado (en su aparente dispersión) provienen en cambio del dominio privado. Son privadas las Iglesias, los partidos, los sindicatos, las familias, algunas escuelas, la mayoría de los diarios, las familias, las instituciones culturales, etc., etc. Dejemos de lado por ahora nuestra primera observación. Pero será necesario tomar en cuenta la segunda y preguntarnos con qué derecho podemos considerar como aparatos ideológicos de Estado instituciones que en su mayoría no poseen carácter público sino que son simplemente privadas. Gramsci, marxista consciente, ya había previsto esta objeción. La distinción entre lo público y lo privado es una distinción interna del derecho burgués, válida en los dominios (subordinados) donde el derecho burgués ejerce sus “poderes”. No alcanza al dominio del Estado, pues éste está “más allá del Derecho”: el Estado, que es el Estado de la clase dominante, no es ni público ni privado; por el contrario, es la condición de toda distinción entre público y privado. Digamos lo mismo partiendo esta vez de nuestros aparatos ideológicos de Estado. Poco importa si las instituciones que los materializan son “públicas” o “privadas”; lo que importa es su funcionamiento. Las instituciones privadas pueden “funcionar” perfectamente como aparatos ideológicos de Estado”[30].

 Jacques Derrida (1930-2004) Su trabajo ha sido conocido popularmente como pensamiento de la deconstrucción, aunque dicho término no ocupaba en su obra un lugar excepcional. La deconstrucción, es un tipo de pensamiento que critica, analiza y revisa fuertemente las palabras y sus conceptos. El discurso deconstructivista pone en evidencia la incapacidad de la filosofía de establecer un piso estable, sin dejar de reivindicar su poder analítico. Cabe mencionar que la mayoría de los estudios de Derrida exponían una fuerte dosis de rebeldía y de crítica al sistema social imperante. Su trabajo es frecuentemente asociado con el postestructuralismo y el posmodernismo, pero su asociación con el segundo es incierta (fuente: wikipedia).

 “Heidegger recuerda sin cesar que indudablemente el sentido del ser no es la palabra “ser” ni el concepto de ser. Pero como dicho sentido no es nada fuera del lenguaje y del lenguaje palabras, está ligado, si no a tal o cual palabra, a tal o cual sistema de lenguas (concesso non dato), por lo menos a la posibilidad de la palabra en general. Y de su irreductible simplicidad. Por consiguiente se podría pensar que sólo queda decidir entre dos posibilidades. 1º Una lingüística moderna, es decir una ciencia de la significación que quebrara la unidad de la palabra y rompiera con su pretendida irreductibilidad, ¿tendría aún alguna relación con el “lenguaje”? Probablemente Heidegger dudaría. 2° A la inversa, ¿todo aquello que se medita tan profundamente bajo el nombre de pensamiento del ser o de pregunta por el ser no está encerrado en una vieja lingüística de la palabra que se practicaría así sin saberlo? Sin saberlo porque semejante lingüística, sea espontánea o sistemática, ha debido compartir siempre las presuposiciones de la metafísica. Ambas se mueven sobre el mismo terreno”[31].

Michel Foucault (1926-1984) fue un historiador de las ideas, psicólogo, teórico social y filósofo francés. Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades. En los años sesenta, Foucault estuvo asociado al estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante, aunque haya usado de un modo personal los métodos de dicho enfoque: Las palabras y las cosas puede entenderse como una crítica a la pretensión sígnica, dejando de lado su interés por las condiciones de modificación histórica del sentido.

La arqueología del saber, de 1969, representa su principal aventura en metodología. Lo escribió para lidiar con la percepción que se tenía de Las palabras y las cosas. Hace referencia a la filosofía analítica angloamericana, en particular a la teoría del acto discursivo. Dirige su análisis hacía el enunciado, la unidad básica del discurso que considera ignorada hasta ese momento. Los enunciados dependen de las condiciones en las que emergen y existen dentro del campo del discurso. No son proposiciones, ni declaraciones ni actos discursivos. En su análisis, considera los actos discursivos serios en cuanto a su análisis literal, en lugar de buscar algún significado más profundo. Es importante notar que de ninguna manera está tratando de desplazar o invalidar otras formas de analizar el discurso. (fuente: wikipedia)

“EI análisis del pensamiento es siempre alegórico en relación con el discurso que utiliza. Su pregunta es infaliblemente: ¿qué es, pues, lo que se decía en aquello que era dicho? EI análisis del campo discursivo se orienta de manera muy distinta: se trata de captar el enunciado en la estrechez y la singularidad de su acontecer; de determinar las condiciones de su existencia, de fijar sus límites de la manera más exacta, de establecer sus correlaciones con los otros enunciados que pueden tener vínculos con él, de mostrar qué otras formas de enunciación excluye. No se busca en modo alguno, por bajo de lo manifiesto, la garrulería casi silenciosa de otro discurso; se debe mostrar por qué no podía ser otro de lo que era, en qué excluye a cualquier otro, cómo ocupa, en medio de los demás y en relación con ellos, un lugar que ningún otro podría ocupar. La pregunta adecuada a tal análisis se podría formular así: ¿cuál es, pues, esa singular existencia, que sale a la luz en lo que se dice, y en ninguna otra parte?”[32].

La Teología de la Liberación se plantea de forma analógica a la liberación que experimentó Israel al salir de Egipto, es la liberación socio política actual del imperialismo y de las estructuras sociales y económicas injustas. Bajo esta concepción la muerte de Cristo en la cruz abrió un portal de liberación para los pobres. La objeción es que en vez de hacer teología e interpretación de la realidad a partir de la fe y de la Biblia, se interpreta la realidad con métodos marxistas, a partir de la pobreza latinoamericana.

c.    CREADORES LATINOAMERICANOS DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Gustavo Gutiérrez Merino. (nacido en 1928) filósofo y teólogo peruano. Ordenado sacerdote en 1959 y ordenado dominico en 1998[33]. Descendiente por vía materna de la etnia kechua. Sufrió osteomielitis, por lo que tuvo que guardar cama con frecuencia y, de los 12 a los 18 años, debió usar una silla de ruedas. Cursó estudios secundarios en el colegio de los Maristas del distrito de Barranco y posteriormente en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde permaneció desde 1947 hasta 1950. Se ordenó sacerdote en 1959, tras estudiar en el Seminario Mayor de Santiago de Chile y fue miembro de la orden de los Predicadores, es decir de los Domínicos. Finalizó sus estudios de teología en las universidades de Lyon (Francia) y Lovaina (Bélgica) antes de impartir clases de esta materia en la Universidad Católica de Lima. Sostenía que el papel prioritario de la Iglesia católica es ayudar a los pobres e intentó unir la práctica de la teología y el ministerio pastoral, surgió entonces como uno de los fundadores de la teología de la liberación, habló por primera vez de una “teología de la liberación” en 1968[34].

Leonardo Boff, (Genesio Darci Boff, nacido en el año 1938) brasileño, teólogo, ex sacerdote franciscano, filósofo, escritor y profesor. Universidad de Múnich. Ingresó a la orden de los frailes menores, franciscanos 1959. Sometido a proceso por parte de la congregación para la doctrina de la fe, condenado a un año de silencio, suspensión “a divinis” y depuesto z todas sus funciones editoriales y académicas

Clodovis Boff, (Nacido en el año 1944), brasileño, escritor y profesor. Orden de Los Siervos de María. Estudió teología en la universidad católica de Lovaina (Bélgica, 1425)

Los tres teólogos citados fueron objetados por la Santa Sede y solo después de veinte años se les autorizó volver a enseñar a condición de no hacer uso del método marxista, como análisis de la realidad social, ni de la dialéctica revolucionaria, ni la promoción de la violencia ni el odio de clases.

Juan Pablo II dijo que el marxismo no sirve como método de estudio de la realidad ni como explicación del mundo. El pecado del ateísmo se concretiza para el Papa en el “materialismo dialéctico e histórico reconocido hoy”, dice, “como núcleo vital del marxismo”. Dicho materialismo es el que crea la lucha entre “la carne y el espíritu” y entre “la vida y la muerte” La teología de la liberación se originó en Europa, sus inicios se remontan hacia el 1917 cuando Walter Rauschenbush, teólogo alemán con fuerte influencia marxista, escribió el libro; “Una teología para el Evangelio Social”. Elaborando una teología arraigada en lo social, donde el Reino de Dios tiene un sentido colectivo que implica independencia, donde no se trata sobre “liberación” del hombre sino la “salvación” del organismo social.

 Desarrollo del movimiento pro Teología de la Liberación en Nicaragua y Perú.

 Es considerado por algunos como un antecedente a las teologías de la liberación forjadas en América latina en los años ´60, por temas como: el papel social de los profetas, los propósitos sociales de Jesús y la conciencia política de los cristianos, serán también asuntos centrales de la reflexión latinoamericana.

Al final de la II Guerra Mundial, una parte de la Iglesia Católica de Holanda comenzó a experimentar con la “democracia eclesiástica”, básicamente como consecuencia de la ola de liberalismo que los invadió producto de la deserción religiosa, lo que se manifestó llegando al “Concilio Vaticano II” con proposiciones reformistas.

 

Sin embargo, a pesar del nacimiento de la Teología de Liberación en Europa, donde tomó mayor fuerza fue en América Latina, debido a misioneros, en su mayoría holandeses y españoles, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez y los hermanos sacerdotes brasileños Clodovis y Leonardo Boff, además de José Miguel Bonino, Rubén Alves, José Severino, entre otros.

El concepto de proletariado fue sustituido por la lucha de las mujeres, los homosexuales, las minorías étnicas, entre otros grupos “oprimidos” que buscan reivindicar sus derechos, punto en el que el marxismo entra ofreciendo sus ideas, influyendo hasta en la religión.

Es aquí justamente donde el discurso marxista entra en la mente de los revolucionarios, sentando sus principales bases, negando a Dios y humanizando a Jesús, mostrándolo como un revolucionario, que se sacrificó por los pobres, razón por la que hay que luchar contra la desigualdad y la opresión, por ello los teólogos de la liberación, adoptan la lucha de clases para obtener sus fines. “Forjar una sociedad justa, pasa necesariamente por la participación constante y activa en la lucha de clases que se opera ante nuestros ojos”[35]. Clodovis Boff, por su parte afirma: “La teología es objetivamente parcial y clasista.”[36]

Las conferencias episcopales de Medellín, Colombia, en 1968 y de Puebla, México, en 1979 fueron influenciadas fuertemente por teólogos de la liberación sobre la “opción por los pobres”. Hija de la Teología de la Liberación es la “Iglesia Popular”, activa en Nicaragua, conformada por cristianos revolucionarios, adeptos al sandinismo, corriente política nicaragüense de izquierda con presencia socialdemócrata, socialista, marxista-leninista y con una gran influencia de la Teología de la Liberación, donde se trató de introducir reformas en los aspectos socioeconómicos y políticos del Estado nicaragüense.

Fue tanta la radicalización de algunos sectores que el misionero español Gaspar García Laviana, sacerdote de la Orden del Sagrado Corazón, llegó a Nicaragua en 1969 y trabajó con los campesinos desde su llegada a Tola, sur de Nicaragua. Y, tras presenciar la desnutrición infantil, la falta de medicinas y el secuestro y posterior violación de mujeres, bajo el amparo del ejército de la dictadura somocista[37], optó por tomar las armas al considerar que no se daban las condiciones para llevar a cabo un cambio político pacífico. Le llamaban “el cura obrero”, ganando la enemistad de terratenientes que lo consideraban comunista, recibiendo innumerables amenazas de muerte por su trabajo por los más pobres.

En 1977 escapó de la Guardia Nacional Nicaragüense, viajando a España para exponer a sus superiores su decisión de ingresar como soldado en el Frente Sandinista. García estaba fuertemente influenciado por la Teología de la Liberación, que ponía a los pobres en primer lugar. Pasó a llamarse el Comandante Martín en la guerrilla y murió peleando fusil en mano a sus 37 años de edad.

Bayardo Arce, comandante de la revolución nicaragüense afirmó: “un buen marxista no es más que un hombre que aplica la concepción científico-social a la realidad concreta. Pero un marxista en Nicaragua es necesariamente un sandinista”. “El sandinismo es la aplicación del marxismo leninismo a la realidad de Nicaragua”. “La ideología que motiva a los revolucionarios sandinistas tiene tres componentes: un elemento histórico, un elemento doctrinario y otro político, desde el punto de vista doctrinario fundamentalmente somos guiados por la doctrina científica del marxismo”.

“Es muy usual definir el socialismo como el punto de llegada de un proceso, a nosotros nos parece que su definición independientemente de que sea un problema práctico o teórico, se expresa en los países periféricos como la negación, a partir de una revolución política, del orden capitalista imperante. En este sentido el sandinismo sería el pensamiento y la práctica revolucionaria de rompimiento con el orden social impuesto en Nicaragua por las clases burguesas  locales y el imperialismo”[38].

Otro de los países donde entró fuertemente la teología de la liberación fue en Perú, a través del dominico de 86 años Gustavo Gutiérrez, a diferencia de muchos teólogos de la liberación, el padre de la “Teología de la Liberación” fue conminado por el Vaticano a cambiar su doctrina de acuerdo con los términos de la “instrucción de la Sagrada Doctrina de la Fe”, con respecto a la Teología de la Liberación, del 6 de agosto de 1984 en que se condenan algunos aspectos de ésta. De esta forma, Gutiérrez aceptó el llamado de atención del Vaticano, eliminando técnicamente los elementos marxistas y/o de violencia de su discurso. Con esto conservó su derecho a ejercer docencia en universidades católicas, sin ser sancionado ni perder su cargo como el caso de los hermanos Boff.

Gutiérrez insistió una y otra vez en que “lo importante no es la teología sino la espiritualidad.  Es vivir la fe y practicarla. Lo importante no es la teología, sino el Evangelio”. Gutiérrez define la teología como “reflexión crítica sobre la praxis histórica.” La teología no es un sistema de verdades eternas, es un ejercicio dinámico y permanente participación de ideas contemporáneas en conocimiento (epistemología), hombre (antropología), y la historia (el análisis social).

En este país existe otro caso de radicalización, el de la religiosa Nelly Evans Risco, tía de la bailarina senderista Maritza Garrido Lecca y admiradora de todo este pensamiento liberacionista y marxista, y deja su congregación y termina formando parte del grupo terrorista Sendero Luminoso, por lo que fue condenada a 15 años de prisión. Por el delito contra tranquilidad pública en la modalidad de terrorismo, es considerada autora de diversos atentados cometidos entre 1980 y 1990.

Ciertamente son casos tristes donde la ideologización lleva a los religiosos y sacerdotes, primero a la pérdida de su identidad como religiosos o como ministros. Y en segundo lugar, y más grave si cabe, a la pérdida de la fe.

Por el contrario, aquellos que siguen sus creencias a pesar de todo, también han sufrido por parte de revolucionarios.

Dos sacerdotes Franciscanos Menores Conventuales, fueron asesinados por la guerrilla marxista-maoísta Sendero Luminoso el 9 de agosto de 1991, los frailes polacos, Michal Tomaszek y Zbigniew Strzakowski, después de ejecutarlos les pusieron un cartel al cuello con la leyenda: «Así mueren los llames (servidores) del capitalismo», pero el motivo era por la caridad que realizaban, pues según los criminales, con los alimentos que distribuían a los campesinos, evitaban que entraran en la lucha armada y confundían a la gente, porque la religión es el opio de los pueblos.

Sendero Luminoso no quería las ayudas alimentarias que repartían las parroquias. Decía que mientras la Iglesia distribuye ayuda material, la gente está tranquila y no viene envuelta en la acción violenta, o sea no se rebela.

 La vía peruana al maoísmo

 

Para entender las causas por las que los revolucionarios peruanos eligieron esta vía hay que remontarse a los años 30 y el peso del campesinado en la imaginación de los progresistas y la izquierda peruana. Ya que luego de una predica indigenista, el maoísmo llegó proponiendo que los campesinos indios serían los que salvarían al país, cuando al amparo de la Revolución Cultural China (1966-1976) surgieron en el continente Americano varios partidos maoístas.

En los años setenta había por lo menos cuatro grupos maoístas considerables en Perú. Entre los que se encontraba Sendero Luminoso, cuyo líder, Abimael Guzmán, viajó un par de veces a China para recibir adoctrinamiento. Sendero Luminoso adopta la ideología maoísta bajo el escenario peruano donde la explotación de la tierra la realizaba el campesino a cambio de un pequeño terreno cedido por el terrateniente. Donde eran dominados por el imperialismo yankeey el capitalismo burocrático. Para conquistar el poder mediante la violencia revolucionaria. La que sin duda no fue fácil inculcar a unas bases campesinas con bajos niveles de educación, que hablaba casi sólo quechua.

Así para los miles de peruanos que para los años 60 aún seguían sufriendo un hematoma feudal y colonial, el maoísmo fue la manera de explicar la desgracia colectiva, entendiendo que el maoísmo es la elevación del marxismo-leninismo a una etapa de lucha por la dirección proletaria de la revolución democrática y la construcción del socialismo.

Con la revolución cultural de 1966, el maoísmo intentó despojarse de su costra burocrática acumulada y asumió el radicalismo que le permitió sintonizarse con el temperamento vanguardista y algo putchista del marxismo occidental. Eso lo volvió competitivo en el espacio andino con la nueva izquierda castrista.Para entonces, ya Sendero Luminoso era una variante específica de maoísmo y estaba programando la insurrección.

Abimael Guzmán se autoproclamó como la cuarta espada de la revolución mundial (Marx Lenin-Mao Guzmán) y la aparición de un pensamiento Gonzalo (el nombre de guerra de Guzmán) fue comunicada al mundo.

El Partido Comunista del Perú, a través de la fracción dirigida por Guzmán asumió el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-Tung al año 1966. Sendero Luminoso es la fase final de un proceso de creciente radicalización del maoísmo. Durante dos decenios, el grueso de los maoístas, agrupados en el partido Patria Roja, se habían mantenido a medio camino entre lo legal y lo insurgente, rechazando la democracia representativa pero actuando en el movimiento popular y en alianzas con otros grupos de izquierda.

El paso a la insurrección de sendero luminoso fue en 1980 bajo la forma de una guerra campesina clásica, en una de las pocas zonas del país que todavía podían llamarse semifeudales. Abimael Guzmán fue capturado en la ciudad de Lima en 1992. Detrás de él fue capturada buena parte de sus principales cuadros políticos y militares. Sus reacciones y las de sus seguidores desde las capturas revelan que la fe en el camino maoísta continúa, aunque ahora adecuada a una nueva etapa.[39]

d.    LA MARIOLOGÍA MARXISTA

 

Leonardo Boff, uno de los principales autores y más férreo defensor de la Teología Marxista de la Liberación, postula en su ensayo denominado “Mariología Marxista” que la Santísima Virgen María es una profetisa y liberadora, manipulando de este modo la Teología y el culto mariano a favor de la revolución marxista. Boff señala que la devoción mariana durante toda la historia de la Iglesia no es más que una instrumentalización del cristianismo por la burguesía, presentando a la Virgen como modelo de mujer revolucionaria. Con esto busca ridiculizar y destruir los 2 mil años de devoción mariana de la Iglesia.

Leonardo Boff se basó en el Evangelio de San Lucas, capítulo 1, versículos 46-56, en donde aparece el  himno mariano llamado “El Magnificat”, cantado por la madre de Cristo, al final del encuentro de María con su prima Isabel. Tras celebrar y compartir con ella la alegría de una maternidad por largo tiempo deseada y suplicada.

Estando ambas encinta, María le responde a Isabel:

“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia es eterna con aquellos que le honran.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón soberbio.

Derribó de sus tronos a los poderosos y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.

Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’”.

 Leonardo Boff tomó estas ideas y las convirtió en un legado político mariano, estableciendo que el plan de Dios era que los hombres derribaran personalmente a aquéllos situados en la cumbre del poder económico y social. Exaltar a los humildes fue interpretado como dar el poder político a los pobres y a los proletarios según las doctrinas del Manifiesto Comunista de Carlos Marx. Y María, quien recibe por inspiración divina las palabras del Magníficat se convierte en la profetiza  del nuevo evangelio revolucionario de emancipación de los pobres.

Y desde luego, siendo la madre de Cristo, el gran revolucionario, ella y él quedan unidos a las fuerzas históricas que llevaran adelante el proceso emancipador de los pobres del mundo. Pero lo que María está declarando es un acto de alabanza al Señor como Dios de la historia y dueño del destino de los pueblos. Y que ese Dios misericordioso es quien desde los cielos ha intervenido en la historia de Israel haciéndole justicia y salvándolo en muchísimas ocasiones, cumpliendo las promesas hechas a Abraham y a los profetas antiguos.

Por añadidura se sugiere que, dada las opresivas circunstancias en que se vive el en el continente sudamericano, se desconfía y se pierde la esperanza en el Dios de Israel y se decide actuar violentamente contra la autoridad y contra los poderosos que matan las esperanzas y los deseos de justicia que tienen los pobres de la tierra. El Reino de Dios, siendo una realidad que desciende de lo alto o del reino del espíritu, se debe convertir en un reino de logros materiales de la justicia humanamente entendida. (El Padre Gustavo Gutiérrez insiste en lo mismo).

Se justifica así la lucha de clases, el uso de la violencia y el derramamiento de sangre para llegar a la famosa dictadura del proletariado. Al hacerlo, se rompe con los verdaderos principios del cristianismo que nos hablan del amor fraternal y del respeto a la autoridad, a no robar, no codiciar los bienes ajenos, y no matar al prójimo.

La mansedumbre de Cristo, de María y de los apóstoles queda abolida por esta desviación hermenéutica de los teólogos de la liberación. Por enfatizar esa interpretación política del Nuevo Testamento. Según Jesucristo, uno debe perdonar a los que nos ofenden, y amar incluso, a los enemigos,  lo cual no es compatible con el odio a los burgueses, o a los patrones, o a los empresarios, que se promueve entre los seguidores de la teología de la liberación, de fuerte connotación marxista.

Es decir, Leonardo Boff, en su interpretación y en la de los otros teólogos de la Teología de la Liberación, como Gustavo Gutiérrez,  Rolando Muñoz, y ClodovisBoff, pasan por encima de los preceptos divinos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

 

e.    INFLUENCIA DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX EN CHILE

 

Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano de la orden de los predicadores, (que estudió algún tiempo en el Seminario Mayor de Santiago antes de 1959),  comenzó en los años sesenta a promover su nueva interpretación del cristianismo y de las doctrinas de la Iglesia. Sus ensayos y libros provocaron un efecto legitimador de la imagen de un Cristo guerrillero y revolucionario en los movimientos políticos nacidos en esos mismos años, inspirados en la revolución cubana y en la revolución maoísta. Como el MIR, (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), donde participó el sacerdote Rafael Maroto, seguidor de esta teología desviada. De paso sea dicho que este movimiento político de extrema izquierda realizó numerosos atentados contra la vida de civiles y militares desde 1967, año de su fundación, luego en el período de la Unidad Popular, y en el tiempo del Gobierno Militar,  hasta el año dos mil y más, tras el retorno de la democracia.

Pasamos a citar un resumen preparado por los “hijos espirituales” del sacerdote Rafael Maroto Pérez (fallecido en 1993), activo miembro del MIR desde su fundación:

“Eran los años en que en toda América Latina, y en la Iglesia Católica a niveluniversal, muchas cosas comenzaron a cambiar o, por lo menos, a cuestionarse. Rafael Maroto se hizo poblador y cura obrero. En lo político cumplió con su papel de militante del MIR. Más tarde, como miembro del comité central del partido, Rafael logró sintetizar el pensamiento de obrero, luchador social y militante con el de pastor, teólogo y sacerdote. Se llegó de esa manera a configurar una cierta anticipación de lo que más tarde sería la Teología de la Liberación. Después del golpe de 1973 y durante toda la dictadura, Rafael estuvo a cargo de organizar un Frente Cristiano que desde las comunidades cristianas populares diera respaldo a la resistencia. Pero la jerarquía católica no perdona ese tipo de pastoral. En 1984 le fue impedido oficiar el ministerio sacerdotal. En el invierno de ese mismo año, conoció la relegación.

 De a poco, la dictadura iba declinando. Se prepararon frentes más amplios, instrumentos políticos adecuados a la nueva situación que vivía el país. Rafael participó en esas tareas y fue el dirigente más apto para cumplir el papel de vocero público del MIR. Así se llegó al plebiscito y en 1990 al retorno de la democracia, que a Maroto nunca convenció mucho. Desde el principio trabajó para la conformación de una nueva expresión de la Izquierda. Se creó el FAI (Fuerza Amplia de Izquierda), más tarde el MIDA (Movimiento Democrático Allendista) y luego el Foro por la Democracia. Rafael siguió aportando siempre su vasta experiencia y conocimiento, aunque sus fuerzas físicas ya no le acompañaban. Pero su frágil figura de abuelo tierno siempre emanaba aliento, esperanza y mucho amor. 

 En casa de un antiguo compañero de trabajo pudo pasar sus últimos años con el calor de un hogar y el cariño de una familia. Pero fue su deseo partir de esta tierra desde la casa de las Hermanitas de los Pobres, en Santiago, donde estuvo los últimos días. Fue un frío domingo de julio de 1993 cuando su féretro pasó por las calles de Santiago rumbo a la misa celebrada por el arzobispo Carlos Oviedo. Hasta el último momento, el trabajo revolucionario de Rafael Maroto estuvo destinado a unir las buenas voluntades para construir un mundo nuevo, justo y fraterno”[40].

En el período de Gobierno de don Eduardo Frei Montalva, 1964-1970, la Democracia Cristiana, partido de orientación católica inspirado en la doctrina social cristiana de la Iglesia, se vivió una importante infiltración de sus cuadros juveniles por parte del Partido Comunista y de los ideólogos de esta teología que eran miembros desviados de la Orden Jesuita, que adueñándose de la Revista Mensaje, fundada por el Padre San Alberto Hurtado, defensor de la Ortodoxia en esta materia, comenzaron a irradiar esta doctrina herética en materia social.

Producto de esa infiltración se desgajó una gran parte de la juventud demócrata cristiana y se formó un nuevo partido, más hacia la izquierda del espectro político, llamado el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria). El cual se volvió a dividir para formar el Partido I C. es decir , la Izquierda Cristiana, la cual ya perfectamente concientizada con la nueva teología, se integró con su hermano, el MAPU, en alianza llamada Unidad Popular, de clara inspiración marxista leninista. Y se esforzaron por tres años en caminar sin tranzar apoyando al socialista presidente Salvador Allende Gossens,  hacia una revolución sangrienta semejante a la Cuba, encabezada por Fidel Castro.

En 1968 nació en Santiago un movimiento de rebelión de ocho sacerdotes contra la iglesia tradicional, llamado Iglesia Joven, cercana al MAPU y a la Izquierda Cristiana.

A comienzos de 1972, en pleno gobierno de la Unidad Popular, y en camino al socialismo marxista a la chilena, el sacerdote Gonzalo Arroyo Correa, organizó un gran movimiento de sacerdotes y laicos seguidores de la Teología de la Liberación, denominado Movimiento de Cristianos para el Socialismo, que se reunió en Santiago a fines de Abril de 1972, con la gravitante e indispensable partición del padre fundador de la Teología de la Liberación, sacerdote Gonzalo Gutiérrez.

A continuación se transcribe un  documento pdf  denominado “Cristianos, sacerdotes y política”, que expone fielmente el discurso de los sacerdotes para el socialismo, en la prensa de 1971-1972.

Comunicado a la Prensa de los sacerdotes participantes en las jornadas “Participación de los cristianos en la construcción del Socialismo en Chile”

“Un grupo de 80 sacerdotes que convivimos con la clase trabajadora nos hemos reunido para analizar el proceso actual que vive Chile al iniciar la construcción del socialismo. La clase trabajadora permanece todavía en condiciones de explotación, que implican desnutrición, falta de vivienda, cesantía y escasas posibilidades de acceder a la cultura. Hay una causa clara y precisa de esta situación: el sistema capitalista, producto de la dominación del imperialismo extranjero y mantenido por las clases dominantes del país.

 Este sistema, caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción, y por la creciente desigualdad en la distribución de los ingresos, convirtiendo al trabajador en un mero engranaje del sistema productivo y fomenta una asignación irracional de los recursos económicos y una transferencia indebida de los excedentes al extranjero; esto genera estancamiento e impide al país salir del subdesarrollo.

 Una situación tal no puede tolerarse por más tiempo. Constatamos la esperanza que significa para las masas trabajadoras la llegada al poder del Gobierno Popular y su acción decidida en favor de la construcción del socialismo. La intuición de! pueblo no es errada. En efecto, el socialismo, caracterizado por la apropiación social de los medios de producción, abre el camino a una nueva economía que posibilita un desarrollo autónomo y más acelerado así como superar la división de la sociedad en clases antagónicas.

 Sin embargo, el socialismo no es sólo una economía nueva: debe también generar nuevos valores que posibiliten el surgimiento de una sociedad más solidaria y fraternal en la que el trabajador asuma con dignidad el papel que le corresponde. Nos sentimos comprometidos en este proceso en marcha y queremos contribuir a su éxito. La razón profunda de este compromiso es nuestra fe en Jesucristo, que se ahonda, renueva y toma cuerpo según las circunstancias históricas. Ser cristiano es ser solidario. Ser solidario en estos momentos en Chile es participar en el proyecto histórico que su pueblo se ha trazado.

 Como cristianos no vemos incompatibilidad entre cristianismo y socialismo. Todo lo contrario. Como dijo et Cardenal de Santiago en Noviembre pasado “en el socialismo hay más valores evangélicos que en el capitalismo”. En efecto, el socialismo abre una esperanza para que el hombre pueda ser más pleno y por lo mismo más evangélico. Es decir, más conforme a Jesucristo que vino a liberar de todas las servidumbres. En este sentido es necesario destruir los prejuicios y las desconfianzas que existen entre cristianos y marxistas. A los marxistas les decimos que la verdadera religión no es opio del pueblo. Por el contrario es un estímulo liberador para la renovación constante del mundo. A los cristianos les recordamos que nuestro Dios se ha comprometido con la historia de los hombres y que en estos momentos amar al prójimo significa fundamentalmente luchar para que este mundo se asemeje lo más posible al mundo futuro que esperamos y que desde ya estamos construyendo.

 No desconocemos las dificultades y los recelos mutuos, causados en gran medida por circunstancias históricas pasadas que hoy día han dejado de tener vigencia en Chile. Todavía queda un largo camino por recorrer; pero la evolución que se ha realizado en medios marxistas y cristianos, permite hoy una acción común por el proyecto histórico que el país se ha dado.

 Esta colaboración será facilitada, por un lado en la medida en que el marxismo se presente cada vez más como un instrumento de análisis y transformación de la sociedad, y por e! otro, en la medida en que los cristianos vayamos depurando nuestra fe de todo aquello que nos impida asumir un compromiso real y eficaz.

 Por lo minino, apoyamos las medidas que tienden a la apropiación social de los medios de producción, tales como la nacionalización de los recursos mineros, la socialización de los bancos e industrias monopólicas, la aceleración y profundización de la reforma agraria, etc.

 Creemos que el socialismo se construye con muchos sacrificios e implica una tarea solidaria y constructiva para vencer el subdesarrollo y crear una nueva sociedad. Esto, sin duda, provoca fuertes resistencias de parle de aquellos que pierden sus privilegios. Por esta razón la movilización del pueblo es absolutamente necesaria. Constatamos, con cierta preocupación, que no se ha logrado aún en la medida esperada. Creemos también indispensable echar las bases para la construcción de una nueva cultura que no sea ya reflejo de los intereses capitalistas, sino la expresión real de los valores genuinos del pueblo. Sólo así podrá surgir el Hombre Nuevo, creador de una convivencia efectivamente solidaria. Constatamos que hay grupos significativos de trabajadores, que estando a favor de los cambios y siendo favorecidos por ello; sin embargo no se incorporan activamente al proceso actual iniciado. La unión de todos los trabajadores, cualesquiera sea su opción partidista, es decisiva en esta única oportunidad que se le da a nuestra patria para lograr sustituir el actual sistema capitalista dependiente y hacer avanzar la causa de la clase trabajadora en toda América Latina. La falta de conciencia de clase de estos trabajadores es fomentada por los grupos dominantes, sobre todo a través de los medios de comunicación y de la acción partidista, infundiendo recelos, temores y finalmente resistencia y pasividad. Es necesario reconocer que no todo lo que se hace es obligadamente positivo y eficaz. Pero al mismo tiempo, afirmamos que la crítica debe realizarse desde dentro del proceso revolucionario y no desde fuera de él.

 En esta hora, llena de riesgos pero también de esperanzas, a nosotros sacerdotes como a cualquier otro cristiano, nos corresponde hacer modestamente nuestro aporte. Por eso hemos querido reflexionar y prepararnos en estas lomadas sobre “La Participación de los Cristianos en la Construcción del Socialismo”.

 Esto no es solo una postura de carácter socio-económica, sino es una interpretación evangélica de la realidad, pues la historia real confrontada con el Evangelio que hemos recibido, es palabra de Dios y no sólo acontecer profano, indiferente desde el punto de vista de la fe. Puede parecer tirano que se ligue así la fe a la fragilidad de un juicio político. Sin embargo así actuó el Magisterio jerárquico en el documento Gaudium el Spes Concilio y más notoriamente en Medellín. En este último caso, los obispos juzgaron (basados en datos de las ciencias sociales y económicas) que este continente estaba dominado por las potencias extranjeras y las minorías nacionales y que, en virtud del Evangelio, la Iglesia debía entrar de lleno en su liberación. Si esto dijeron los obispos, es normal que un grupo de sacerdotes vaya más allá y diga que nuestros países sólo podrán emerger y ser libres cuando den un paso hacia el socialismo, y lo digan, no en abstracto, sino a propósito de un caso concreto. A mi juicio, hasta allí pretende llegar la Declaración, no pretende, a pesar de la ambigüedad de la frase transcrita más arriba, decir que todo cristiano debe estar con la Unidad Popular; pero tampoco quiere contentarse con “saludar” un socialismo en abstracto.

No descalifica, desde el punto de vista de la fe, a aquellos cristianos que tengan un proyecto socialista diferente del que busca el gobierno, pero también a ellos les dice implícitamente: Construyamos juntos un socialismo humano para Chile, adviertan que estamos en un momento muy particular, no sólo ante un cambio de gobierno, sino un cambio de sistema; entremos en este juego; no pongamos tantas trabas a este: proceso (su pretexto que todo podría ser mejor) que al fin lo detengamos. Cierto, no entremos ciegos ni mudos, hagamos también la crítica, pero una crítica propia del que mira el proceso con simpatía y como desde adentro.

¿Opción obligatoria para todos los cristianos? No obstante que la mayor parte de las objeciones suscitadas por la Declaración de los 80 sacerdotes ya están suficientemente respondidas en la precedente aclaración, parece interesante consignarlas en forma más concreta como lo hace el teólogo Beltrán Villegas. Profesor de Sagrada Escritura de la Universidad Católica, en carta dirigida a los 😯 sacerdotes aparecida en El Mercurio del día 19 de abril. La primera objeción se refiere a la determinación de colaborar en la actual coyuntura nacional con la construcción del socialismo que, aunque legítima para el cristiano y para el sacerdote, constituye con todo una opción política. Más aún, esta opción política apuntalada por una “plusvalía teológica” se deduciría de la fe y, por lo tanto, debería ser obligatoria para todos los cristianos. El P. Villegas expresa su desacuerdo con esta posición y reprocha el hecho de que los sacerdotes en su Declaración piden la participación de los cristianos y no de algunos cristianos para esta tarea. A este respecto responde el P. Esteban Gumucio (quien dice ser Pastor y no Doctor de la Iglesia) en carta privada al P. Villegas: “Sería petulante y arbitrario hacer de una opción concreta y, por lo tanto, contingente, la norma infalible para todos. Nuestra reunión tenía por objeto reflexionar sobre nuestro compromiso y de ninguna manera dictaminar o dar normas para lodo el clero y, menos aún, para lodos los cristianos. Ha estado muy lejos de nuestra mente intentar coartar o presionar la libertad que tiene todo cristiano”.

Comunicado de prensa, Santiago, abril de 1971. De los dirigentes del grupo de los 80 Sacerdotes para el Socialismo:

Gonzalo Arroyo. Alfonso Baeza, Martín Gárate,

Esteban Gumucio. Juan Martín. Santiago Thijssen,

Sergio Torres (Talca), Ignacio Pujadas (Valparaíso),

Pierre Dubois (Coronel).

A esa asamblea fue invitado el arzobispo de Santiago, don Raúl Silva Henríquez, como patrocinador. Pero el pastor jefe de la Iglesia se negó rotundamente a participar y a patrocinar dicho movimiento, afirmando que la doctrina llamada teología de la liberación promovida por ese grupo no era compatible con el cristianismo ni con la enseñanza de la iglesia.[41]

Sin embargo, como mucha gente opina superficialmente acerca de la posición política, supuestamente pro-izquierda del citado Arzobispo y Cardenal, citaremos algunos párrafos de la carta que el Arzobispo envió al Jesuita Gonzalo Arroyo, a la fecha, secretario general del Movimiento de Cristianos para el Socialismo:

“He estudiado prolijamente el documento de trabajo del Primer Encuentro de Cristianos para el Socialismo que Ud. me envió y que yo ya poseía.

Del estudio de este documento he llegado a la convicción de que ustedes harán una reunión política, con el deseo de lanzar a la Iglesia y a los cristianos  en la lucha en pro del marxismo y de la revolución marxista en América Latina. La única solución que ustedes ven para liberar al hombre es, -a juicio de ustedes-, es el marxismo. Como usted puede comprenderlo, mi querido amigo, no me parece en absoluto adecuado patrocinar un encuentro de sacerdotes que están en una línea que a, mi juicio no es la línea de la iglesia. Y que afirman cosas y tienen actuaciones totalmente reñidas con expresas declaraciones del Episcopado Nacional”.

 “…No comparto en absoluto la idea de escoger el marxismo como única solución para los problemas de nuestra América. Hay, pues, una mentalidad en vía de marxización que subraya  una actividad clasista y una valoración demasiado economicista de la liberación humana”.

“Éste compromiso humanista de la Iglesia, es, de suyo mucho más completo y profundo que el que presenta el marxismo. Este, en efecto, es excluyente y unilateral por sus esquemas que parecen de inspiración maniquea, pues divide a los hombres en buenos y malos, en oprimidos y en opresores, por simples razones económicas y de diferencias sociales”.

 Como la teología de la liberación dividió a los jesuitas en ortodoxos defensores de la doctrina social de la Iglesia y en heréticos defensores de la teología de la liberación, el Arzobispo hace una crítica a los superiores de la Compañía de Jesús que no han sabido detener esa posición de sus propios integrantes que se pusieron más al lado de Marx que del lado de Cristo y del Papa.

Finaliza la carta reafirmando todo lo dicho para que no haya dudas, culminando el reto a los Jesuitas:

“…Como ud, puede ver, querido amigo, son muchas y muy graves las diferencias doctrinales que nos separan. Yo creo que ustedes hacen una caricatura del cristianismo, lo jibarizan, es decir lo reducen a un sistema socio económico y político y le hacen perder sus grandes valores religiosos. Yo no puedo prestarme a esto, ni puedo patrocinar una reunión de sacerdotes, que con inmensa buena voluntad, pretenden esto. Perdóneme, querido amigo, que no pueda acceder a su petición, y le ruego borrar definitivamente mi nombre de los posibles patrocinadores de este encuentro”.

 “…Usted… es miembro de la Compañía de Jesús, instituto llamado a Defender a la iglesia católica y a extender por el mundo entero la benéfica influencia de esta institución fundada por Jesucristo… y tras leer el documento, me siento un tanto escandalizado… me parece que su acción es destructora de la iglesia… un instituto como el suyo no debería permitir una acción pública de trascendencia innegable para la iglesia católica., sin que mediara un estudio profundo y una aprobación de esta acción y de las doctrinas en que se funda”.

 “Si su instituto no es capaz de guiar la acción de sus miembros en pro de la iglesia,  creo que ha traicionado los fundamentos más profundos de su propia institución”.

Puede añadirse que ese documento, remitido al padre Gonzalo Arroyo, fue verdaderamente profético, pues el Vaticano, el 6 de Agosto de 1984 emitió una Instrucción dogmática de 22 páginas, que reitera las mismas críticas doctrinales que hizo el Cardenal. Se denominó “Instrucción de la Sagrada Congregación de la Fe acerca de determinados aspectos de la Teología de la Liberación”.  Desde luego, con mayor profundidad y amplitud, descalificando esa postura socializante del cristianismo. Y aprobando, desde luego, la noble lucha por la justicia usando medios pacíficos y éticamente concordantes por la Sagrada Escritura y la Tradición, que jamás debe identificarse con la sistemática lucha de clases que postula y promueve el Marxismo.

Pese a la reprobación del Arzobispo Silva Henríquez a este movimiento político que pretendía aparecer como cristiano en las publicaciones del Centro Bellarmino y en la revista Mensaje, canales oficiales de la Orden Jesuita, durante los años 1972 hacia adelante, los jesuitas disidentes continuaron la difusión de sus ideas de apoyo a la Teología de la Liberación, reforzando lo realizado desde 1965 en adelante, incentivando la participación de los católicos en la revolución comenzada por el gobierno de la Unidad Popular.

Esta división de los jesuitas y de otros sacerdotes en su mirada de la realidad política chilena, continúa hasta hoy, trascendiendo tanto el pronunciamiento militar del 73 como el retorno a la democracia de 1990. Después de 1973 el Movimiento de Sacerdotes para el Socialismo se irradió a todos los países de Sudamérica y a Europa.

La posición antimarxista del Cardenal Silva Henríquez y de la mayoría de los Obispos chilenos, no fue considerada importante por estos grupos de sacerdotes revolucionarios de izquierda, siguiendo con sus publicaciones en revistas clandestinas y en la revista Mensaje. Tampoco desapareció de las universidades y de las llamadas comunidades de eclesiales de base, creándose la llamada Iglesia Popular, la cual fue reprobada por Juan Pablo II en su visita a Chile de 1987, en sus mensajes privados y públicos. Las comunidades eclesiales de base y la llamada Iglesia popular plantea una postura de rechazo a la jerarquía tradicional, considerando que ella es una expresión de la burguesía dominante, y que en verdad la Iglesia y la jerarquía deben nacer del mismo pueblo, desde la base. Y la teología debe partir no de la revelación sino desde los pobres y los proletarios. Es la posición actual del sacerdote jesuita suspendido de sus tareas sacramentales, Felipe Berrios.

Es más, en esa época se aprovecharon de la denominada Vicaría de la Solidaridad, creada por Raúl Silva Henríquez para acoger por caridad cristiana, a los perseguidos por el Régimen Militar, usándola como plataforma de promoción de la Teología de la Liberación y de la resistencia guerrillera contra el gobierno militar.

Se interpretó esa institución como una aprobación política religiosa de su postura y muchos cristianos pensaron que la Iglesia ya era oficialmente pro-marxista. En realidad Silva Henríquez nunca aceptó esas posturas, pero como criticó al gobierno militar por abusos de poder, se pensó que él estaba de acuerdo con la Izquierda. Y el error continúa hasta hoy, mostrando la oportunidad de instrumentalización que aprovechó la izquierda chilena.

Juan Pablo II en su venida a Chile dejó en claro que no había aprobación vaticana de tales posiciones pro-marxistas, pero a los convencidos esas palabras no les importaron. Ya pensaban como marxistas y no como cristianos.

En los años ´80 y ´90 los sacerdotes promotores de la Teología de la Liberación fueron expulsados o suspendidos de sus funciones eclesiásticas y docentes, y la orden Jesuita perdió los privilegios que tenía en la Santa Sede, siendo reemplazada en 1982 por la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, del Opus Dei, de san José María Escrivá de Balaguer.

Se desconoce la situación actual de los jesuitas en el presente, con la elección del Papa Francisco, que es Jesuita, se supone que la Orden habrá recobrado algo de la confianza que el Vaticano tenía para con ella antes del 82.

 

4.    CONCLUSIONES

 

La Teología de la Liberación es un movimiento, que como hemos apreciado, se compone de una serie de elementos ideológicos que se adhieren a un discurso de propagación fundado en un proceso histórico asociado al Marxismo. La influencia dialéctica del discurso busca en definitiva abolir las bases ideológicas cristianas y particularmente las representaciones divinas de Jesucristo, llevarla hacia una horizontalidad que permita restar el concepto primario y centrarse en un antropocentrismo que se orienta a sumarse a la ideología revolucionaria del marxismo.

En sus inicios, tal como señala Bauer, la problemática presentaba todos los puntos de interés tales como la política, la religión y la filosofía y en consecuencia en la actualidad el discurso presente en la Teología de la Liberación abarca estos tres aspectos. En política, la línea Marxista se adentra en la manipulación de movimientos sociales para ir en contra de la principal lucha, el capitalismo. En religión, el cuestionamiento de los dogmas cristianos, buscando cada vez más eliminar el concepto de autoridad representativa de la iglesia y sustrayendo la divinidad del objeto principal, Jesucristo. Y en filosofía, entrando en una deconstrucción que busca eliminar los límites que por antonomasia irroga todo lo estructuralmente binario.

Por otra parte en Chile, la llamada Teología de la Liberación a través de sus representantes, continúa avanzando en los medios de comunicación social: por ejemplo en la  “Revista Mensaje”,  “TheClinic”, “Cambio 21”. “El Periodista”, la radio Cooperativa, radio Francia,  etc.

En el caso de la Revista Mensaje, se ha pervertido el sentido original que le quiso dar el Padre Alberto Hurtado al fundarla. Reemplazando la llamada Doctrina Social de la Iglesia, que viene del Vaticano y de las Encíclicas Sociales, por posturas rupturistas y críticas contra el estado y la iglesia tradicional, fundadas en las doctrinas de la Teología de la Liberación. Incluso se desfigura al propio Padre San Alberto Hurtado, mostrándolo como un rebelde o un revolucionario social de inspiración marxista.

En diversos colegios católicos se instalan profesores de religión y discursos que desfiguran el mensaje del cristianismo original, infiltrando ideas de la Teología de la Liberación en las mentes juveniles que no tienen anticuerpos ideológicos ni conocimientos exactos de la Historia reciente de América del Sur y de Chile.

En la Iglesia Católica van apareciendo las llamadas Comunidades Eclesiales de Base, que no siguen las directrices de la Santa Sede, rompiendo la verticalidad del mando de las jerarquías de la iglesia tradicional, y gradualmente se va constituyendo una nueva iglesia, llamada Iglesia Popular, que es guiada por los preceptos de la Teología de la Liberación y sus líderes.

En los grupos de terroristas de izquierda se van integrando cristianos que ya no tienen reparos morales contra la llamada Lucha Programada de Clases, y toman las armas contra la policía y contra las instituciones del Estado, incendiando vehículos de locomoción colectiva, instalando bombas en estaciones de metro, incendiando iglesias en la Araucanía o en la Iglesia de la Gratitud Nacional, por ejemplo.

Se repite así, el mismo fenómeno de la guerrilla de las FARC colombianas, donde participó el sacerdote Camilo Torres, un seguidor de la Teología de la Liberación. O el de la Revolución Sandinista inspirada por los sacerdotes jesuitas Ernesto y Fernando Cardenal, promotores de la Teología de la Liberación en Nicaragua.

Así ya los grandes Héroes ya no son Bernardo O´Higgins o Arturo Prat Chacón, o José Miguel Carrera, sino que son Ernesto “Che” Guevara, Fidel Castro, Camilo Torres, Miguel Henríquez, Salvador Allende, y otros, que fallecidos en enfrentamientos con las fuerzas del Orden o del Ejército, van gradualmente convirtiéndose en mártires.

Las universidades van utilizando esas ideas cristiano-marxistas para fomentar el pensamiento subversivo, y destruir, deconstruir, y tergiversar los valores morales y las ideas matrices de la sociedad patriarcal y católica tradicional, justificando no solo la lucha de clases, sino también la    homosexualidad, el aborto, el uso de drogas diversas, pues ya nada es sagrado, todo es secular, relativo, y solo materia consciente en proceso de experimentar y evolucionar.

En síntesis, también concluimos que Antonio Gramsci, notable filósofo comunista italiano, ha triunfado en su plan de promover un proceso de revolución marxista incruenta e invisible, para infiltrar la cultura occidental cuyo centro es el cristianismo, y subvertir la comprensión intelectual de la realidad social, usando como instrumentos ingenuos y útiles a grupos de sacerdotes e intelectuales que pensaron que el marxismo era un método útil para interpretar la realidad social, económica y política y cambiarla, caminando hacia el Socialismo y su dictadura del proletariado.

A su vez, la Iglesia misma ha fracasado en sus mecanismos de autodefensa intelectual, permitiendo la infiltración de sus cuadros docentes y pastorales por los teólogos de la liberación.

Ya lo señalaba el sacerdote, profesor y filósofo, José Miguel Ibáñez Langlois, en su ensayo “Marxismo Religión al Revés”.: “… los cristianos, tentados por el marxismo, o infiltrados de Leninismo, en sus teologías de la Liberación, sean hoy uno de los fenómenos más trágicos que vive el mundo católico. Aquellos que pretenden separar en el marxismo elementos ateos, y elementos “válidos”, por ejemplo el “sistema” marxista, calificado de erróneo, y el método marxista, calificado de eficaz para interpretar la historia y para modificarla, están llamados a un final de trágica desilusión. O bien porque el marxismo terminará con ellos después de haberlos usado como aliados útiles, o bien porque ellos mismos terminarán renegando de su fe original. Los que comienzan interpretando a Cristo con métodos marxistas, terminan por la dialéctica interna de este proceso, siendo marxistas sin más, aunque todavía gusten de uso nominal del apelativo cristiano. Arrastrados necesariamente hacia la violencia y el relativismo moral, creen abrir caminos futuros a Cristo en la justa medida en que se lo cierran a Cristo y a la humanidad entera. El desafío actual es exactamente inverso, y reside en la santificación del trabajo humano…Solo un cristianismo seguro de su identidad original y fuerte en sus valores eternos, es capaz de enfrentar a la llamada Teología de Liberación. Con todas sus consecuencias sobre el régimen de propiedad, la empresa, el estado y la cultura.

El vacío de las ideologías declinantes, con su mística sin Dios, no podrá llenarlo el mero pragmatismo, sino solo la vitalidad cristiana renovada a partir de su propia savia creadora, y capaz por eso de orientar la revolución científica y tecnológica, el ascenso del proletariado como fuerza social y la entronización del trabajo como centro de la existencia humana sobre la tierra”.

El marxismo es absolutamente incompatible con el cristianismo pero se ha hecho un enorme esfuerzo para seducir a las inteligencias y hacerles creer que Jesús era un líder político revolucionario semejante a Castro y el Che Guevara.

La Teología de la Liberación, continúa avanzando en los medios, en las universidades, en la visión crítica al gobierno militar, en la formación de comunidades de base en las poblaciones marginales, en las juventudes anarquistas. En la crítica a la moral pro-vida, anti-homosexual y anti-abortista de la Iglesia Católica y de otras iglesias evangélicas. Se ha instalado una mentalidad anti jerarquías de todo tipo. E incluso una violencia hacia las imágenes sagradas y los templos religiosos a lo largo de Chile. El discurso de la Teología de la Liberación ha ido uniéndose a una exaltación de la figura de Salvador Allende, de Fidel Castro, de Camilo Torres, el Che Guevara, de Miguel Henríquez y otros líderes muertos que van tomando la estatura de Mártires y de Santos de la Iglesia popular.

Se pretende que el sacerdote Gustavo Gutiérrez se ha arrepentido de sus errores y que ya purificó sus doctrinas evitando ser excomulgado. Y ha conquistado algunos adeptos incluso entre algunos cardenales, que afirman que más que una purificación y una corrección la teología de la liberación requiere más bien una aclaración, una nueva comprensión, rechazando o minusvalorando la radical descalificación que recibió en el documento instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, del 6 de Agosto de 1984. Firmada por Juan Pablo II y Joseph Ratzinguer, ese documento es la sentencia final, un dogma de fe infalible, pero se le pretende ignorar y reducir su importancia.

El reduccionismo o la jibarización del cristianismo, su secularización y la humanización de Jesucristo continúa sistemáticamente su camino de destruir la fe tradicional y las bases mismas del cristianismo y la Iglesia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “El Marxismo en la Teología”, Ediciones Lahosa, 1983, Miguel Poradowski.
  • “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Ediciones CENSUR, 1986, L.H.S.
  • “EL CARDENAL NOS HA DICHO”: 1961 / 1982. Editorial Salesiana, Mensaje Número 26, página 142 – 148.
  • “Movimientos Teológicos Contemporáneos”, Orden de Predicadores en Chile Colección Fray Gil González, 1987, Felicísimo Martínez.

OTRAS FUENTES.

  • Luis Heinecke Scott, Politólogo, Profesor de Politología.

Fernando Laredo Carter, Teólogo, Profesor de Filosofía y Religión

[1]https://es.wikipedia.org/wiki/Teolog%C3%ADa, consultado el día sábado 03.DIC.016.

[2]Fue un poeta de la Antigua Grecia . Data en torno al año 700 a. C. Se le considera el primer filósofo griego, dado que en su obra le otorga alegoría de «ser» a los aspectos transitorios o recurrentes de lo fenomenológico. Hesíodo se eleva por encima de las concepciones religiosas primitivas, aproximándose al pensamiento filosófico que pretende interpretar la realidad por medio de categorías conceptuales permanentes. (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Hes%C3%ADodo, Consultado el 08.DIC.016)

[3] Filósofo griego presocrático del siglo VI a. C., maestro de Pitágoras. (https://es.m.wikipedia.org/wiki/Fer%C3%A9cides_de_Siros, consultado el 08.DIC.016)

[4]http://definicion.de/teologia/, consultado el día sábado 03.DIC.016

[5]https://es.wikipedia.org/wiki/Teolog%C3%ADa_moral_cat%C3%B3lica Consultado el 08.DIC.016

[6]http://kerchak.com/personalismo-cristiano/ Consultado el día 08.DIC.016

[7] “Estudio introductorio a la Cuestión Judía de Bruno Bauer y Karl Marx”, Ediciones Anthropos, 2009, Reyes Mate, pág 13 web Alejandría digital

[8] “El Marxismo en la Teología”, Ediciones Lahosa, 1983 Miguel Poradowski, pág 208.

[9] “Sobre la Religión”, serie de autores, Ediciones Sígueme, 1975. pág 440.

[10] Ibídem. pág. 440.

[11] Ibidem. pág. 13.

[12] Ibidem. pág. 262.

[13] Ibidem. pág. 322.

[14] Ibidem. pág. 54.

[15] “Fundamentos de la Praxis Marxista-Leninista en Chile”, JurajDomic, Editorial Vaitea, 1976, pág. 215.

[16] “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Ediciones CENSUR, 1986, LHS, pág 46.

[17] “Sobre la Religión”, serie de autores, Ediciones Sígueme, 1975. pág 545.

[18] “Revista Ahora”, Nº18, 1971, pág. 9.

[19] “Sobre la Religión”, serie de autores, Ediciones Sígueme, 1975. pág 629.

[20] Ibidem. pág. 631.

[21] “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Ediciones CENSUR, 1986, L.H.S, pág 53.

[22] Ibidem. Pág. 53.

[23] “Teología de la Revolución”, Joseph Comblin, Desclee de Brouwer, 1979, pág.360.

[24] “El Nuevo Clero”, Ediciones Geo, 1982, pág 55.

[25] Ibidem. Pág. 16.

[26] “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Ediciones CENSUR, 1986, L.H.S, pág 66.

[27] Ibidem. Pág. 66.

[28] El Marxismo en la Teología”, Ediciones Lahosa, 1983,  Miguel Poradowski, pág 150.

[29] “Subversión Religiosa La Conspiración del Silencio”, Ediciones CENSUR, 1986, L.H.S, pág 73.

[30] “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”,1969, Louis Althausser pág. 15.

[31] “De la Gramatología”, 1967, Jacques Derrida, pág 18-19.

[32] La “Arqueología del Saber”, Michel Foucault, 1969, pág 45.

[33]  La Orden de los domínicos proviene desde 1216. En Chile el Fraile Gil González de San Nicolás funda este convento el 16 de Noviembre de 1557 en unos terrenos donados por D. Pedro de Mesa, Gobernador de Chile. Desde su fundación, la Orden ha construido en estos cuatro siglos, 4 templos de Santo Domingo en la manzana donde hoy está ubicada la actual, que data de 1747.El mayor trabajo de los religiosos se centra en atender a las miles de personas que pasan por sus naves durante toda la semana, siendo el día jueves (conocido como día de la Virgen de Pompeya) el que concita la mayor cantidad de fieles. Se estima que esta cantidad de gente durante todo el año es la mayor cantidad de devotos de todo Chile. http://www.dominicos.cl/santo-domingo/ consultado el 09.DIC.016.

 

[34]http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/7481/Gustavo%20Gutierrez

[35] Gustavo Gutiérrez, “Teología de la Liberación” pág.355). “La neutralidad es imposible” (pág.355)

[36] Clodovis Boff, en “Teología de lo político”, pág.410.

[37] Fuerza militar organizada en 1933 denominada la “Guardia Nacional”, encabezada por Anastasio Somoza García,un político, militar, empresario, terrateniente y dictador nicaragüense, conocido por el nombre familiar Tacho, transformándose en titular de la presidencia de Nicaragua de 1937 a 1947 y en una segunda ocasión de 1950 a 1956, sumando en total dieciséis años de ejercicio pleno del cargo, además de mantener un grupo de gobiernos títeres entre sus dos períodos, sobre los cuales ejerció un poder dictatorial notoria.

https://es.wikipedia.org/wiki/Anastasio_Somoza_Garc%C3%ADa, http://www.cedema.org/uploads/FSLN_1979-03.pdf

[38] “Transición y lucha de clases en Nicaragua”. (1979-1986), páginas 216 y 217

[39] http://www.eltiempo.com.archivo/documento/MAM-280193

[40] (http://pircasytrincheras.blogspot.cl/2009/07/rafael-maroto-sacerdote-profeta-y.html)

[41]Libro EL CARDENAL NOS HA DICHO: 1961 / 1982. De la Editorial Salesiana, Mensaje Número 26, página 142 – 148.

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